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Cómo tomar apuntes en clase que sirvan para estudiar

Publicado 2026-10-24 · 9 min de lectura

Cómo tomar apuntes en clase consiste, antes que nada, en decidir qué vas a reutilizar después. No necesitas una copia a mano de cuanto dice el profesor. Necesitas una página de pistas que siga funcionando una semana más tarde, cuando las diapositivas ya están cerradas y los detalles se han borrado.

Los apuntes son el rastro escrito breve que se hace durante una clase: los términos que el profesor define, los ejemplos con los que los explica y las preguntas que te permiten reconstruir el resto. La clase es el lugar donde ves la materia por primera vez. Los apuntes son su índice, no la materia.

Qué se escribe realmente en clase

Cuatro cosas van al papel. Primero, los términos que el profesor define, con la definición en sus palabras si es más corta que la tuya. Segundo, el ejemplo que acompaña a cada término, porque los ejemplos son lo que permanece en la memoria y lo que suele estar detrás de las preguntas de examen. Tercero, cualquier cifra, fórmula, fecha o nombre que no esté ya en la diapositiva. Cuarto, las preguntas que el profesor lanza al aula.

Escucha las señales que marcan importancia. El profesor repite la frase que le importa, baja la velocidad justo antes y escribe una parte en la pizarra. También dice cosas como «esto vuelve más adelante» o «la idea central aquí es». Esas frases se marcan. Una frase repetida vale más que una frase bien construida.

Una idea por línea. Escribe la definición, no el párrafo que la rodea. Si el profesor dedica cuatro minutos a explicar una sola distinción, el apunte es esa distinción en una línea, no un resumen de cuatro minutos.

Qué puedes dejar fuera sin perder nada

Cuanto ya está en las diapositivas. Los avisos sobre fechas de entrega. Las deducciones largas que están en el manual. Las anécdotas que no ilustran ningún término. Las fechas y los cambios de aula, que van al calendario y no a los apuntes.

Un caso merece respuesta propia: el profesor que lee las diapositivas palabra por palabra. En esa aula, volver a escribirlas cuesta la hora entera y no aporta nada que no tengas ya en el archivo. Anota el número de la diapositiva. Escribe una sola frase sobre por qué importa, y usa el resto de la hora para escribir lo que el profesor añade entre diapositiva y diapositiva. Ese añadido es justo lo que falta en el PDF.

Por qué fracasan los apuntes literales

El problema está en copiar, no necesariamente en el teclado. Mueller y Oppenheimer publicaron en 2014 en Psychological Science un estudio en el que los estudiantes tomaban apuntes a mano o en portátil y después respondían preguntas sobre la clase. En tres estudios, el grupo del portátil escribió más palabras, copió más literalmente y rindió peor en las preguntas conceptuales. Ese resultado se cita a menudo como prueba de que escribir a mano es mejor.

No es tan sencillo. Una réplica directa de Urry y colaboradores, publicada en Psychological Science en 2021, usó 74 estudiantes con portátil y 68 a mano. El grupo del portátil volvió a escribir más palabras y solapó más texto literal. En la prueba no hubo diferencia entre los grupos. Un pequeño metaanálisis de ocho estudios similares dentro del mismo trabajo encontró el mismo patrón. La relación entre copiar literalmente y rendir peor no fue robusta en la réplica. El artículo de 2014 tiene además una fe de erratas publicada en 2018.

Lo que sobrevive en ambos trabajos es más estrecho y más útil. Más palabras suele significar más copia. En la réplica de 2021, un número mayor de palabras totales se asoció con mejores resultados en la prueba, y un mayor solapamiento literal con peores. Así que el consejo que aguanta tiene que ver con reformular, no con el bolígrafo. Escribe con tus palabras y el dispositivo importará mucho menos que la decisión de comprimir.

Papel, portátil o tableta

En qué escribesPara qué sirveQué te cuesta
Papel y bolígrafoEmpiezas al instante, sin batería, fácil de hacer flechas y notas al margenDifícil de buscar después, fácil de perder, lento si escribes frases enteras
PortátilEscritura rápida, fácil de reorganizar y buscar despuésInvita a copiar literalmente y a cambiar de pestaña durante la clase
Tableta con lápizLetra a mano más búsqueda y almacenamiento, se puede anotar sobre las diapositivasCara, y el lápiz puede ser más lento que el papel en una mesa compartida
Grabación más transcripciónNo se pierde nada, la formulación exacta se comprueba despuésNo estudia por sí sola y necesita permiso y una herramienta de búsqueda que uses de verdad

Elige la que te deje reformular más rápido. Para quien escribe despacio a mano, eso es un portátil con una regla: sin frases completas. Para quien piensa escribiendo, es papel. Ningún estudio demuestra que un dispositivo sea mejor que otro cuando la reformulación se mantiene constante.

Cómo son unos apuntes que se pueden releer

Una página releíble tiene una forma previsible. Arriba van la asignatura, la fecha, el número de clase y el nombre del profesor. Hazlo siempre, porque una página sin fecha es una página que nunca situarás en la materia.

Deja vacío el margen izquierdo, unos cinco centímetros, o una columna ancha a la derecha. Después de la clase lo llenarás con preguntas y correcciones. Los apuntes escritos de margen a margen no dejan sitio precisamente a la parte que los hace útiles.

Escribe la pregunta del profesor y luego la respuesta. Si la clase pregunta por qué ocurre un proceso, el apunte es la pregunta en una línea y la respuesta en dos. Más tarde tapas la respuesta y te examinas con la pregunta. Es la forma más barata de convertir una página en un test.

Marca la duda en lugar de adivinar. Un signo de interrogación junto a una palabra significa que la vas a comprobar y cuesta un segundo. Una definición adivinada que suena bien es un apunte falso en el que confiarás un mes.

Escribe cada definición completa una vez y luego usa tu propia abreviatura. Desarrolla las abreviaturas en el mismo día, mientras la clase sigue en la memoria y la grabación se busca con facilidad.

No pases los apuntes a limpio. La copia limpia es más que nada una manera de sentirse productivo, y borra justo las marcas y los huecos que te decían qué no sabías. Si reescribes algo, reescríbelo como preguntas.

Qué hacer en los diez minutos después de la clase

Haz un repaso corto dentro de las 24 horas. Desarrolla las abreviaturas. Rellena los huecos con las diapositivas o la grabación. Añade arriba una línea que empiece por «Esta clase trató de», porque resumir en una frase es en sí mismo una prueba de si seguiste la explicación.

Después escribe de tres a cinco preguntas de la clase, con sus respuestas, y ponlas donde las vayas a ver otra vez. Esas preguntas son tu material de estudio. Los apuntes son materia prima para las preguntas.

Ese repaso separa los apuntes que se leen una vez de los apuntes que se usan. Sin él, la página sigue siendo el recibo de una hora a la que asististe. Con él, la página se convierte en un conjunto de preguntas que puedes responder en cinco minutos en el autobús.

Cómo se convierten los apuntes en estudio

El mecanismo es la recuperación. Roediger y Karpicke publicaron en 2006 en Psychological Science un estudio en el que los estudiantes leían textos y después hacían uno o tres tests de recuerdo libre, o releían el material el mismo número de veces. La prueba final llegaba a los cinco minutos, a los dos días o a la semana.

A los cinco minutos ganaba la relectura repetida. A los dos días y a la semana, quienes se habían examinado recordaban bastante más que quienes habían releído. El grupo que releyó estaba además más seguro de cuánto recordaría. Esa confianza era la trampa: releer los apuntes parece aprender precisamente porque las palabras se vuelven familiares, y la familiaridad no es recuerdo.

La versión práctica es corta. Cierra la página, escribe durante cinco minutos cuanto recuerdas, luego ábrela y comprueba. Marca lo que te faltó. Eso es una sesión completa de estudio y cuesta menos tiempo que una relectura.

Cada cuánto se repasan los apuntes

Cepeda y colaboradores publicaron en 2006 en Psychological Bulletin un metaanálisis que reunió 839 mediciones de práctica distribuida en 317 experimentos de 184 artículos. Dos conclusiones sirven para un estudiante. Distribuir las sesiones supera a amontonarlas en un solo bloque. Y el intervalo que da mejor retención crece a medida que la prueba se aleja.

Para una asignatura con examen dentro de ocho semanas, eso significa intervalos en días y semanas, no varias pasadas la misma noche. Un plan que funciona: la noche de la clase, luego a los dos o tres días, luego a la semana y luego poco antes del examen. Cada pasada es autoexamen con las preguntas, no relectura de la página.

Qué cambia cuando la clase está grabada y transcrita

Una grabación quita el motivo para escribir frases. Si la formulación exacta de una definición está en una transcripción que puedes buscar, tu copia a mano es una versión peor de lo mismo. Lo que la transcripción no puede hacer es decidir qué importaba, así que el apunte cambia de oficio: durante la clase registras la estructura, las preguntas y el énfasis del profesor, y después buscas la formulación exacta de las dos o tres cosas que no seguiste.

Ahí se resuelve también la queja más común sobre las clases, que el profesor habló de algo que no aparecía en ninguna diapositiva. El material grabado conserva justo las partes que la presentación descarta. La transcripción no estudia por ti, eso sí. Te da texto del que sacar preguntas, y las preguntas las sigues respondiendo tú.

Pide permiso antes de grabar. Las normas cambian según la universidad y la asignatura, y la clase es material del profesor.

Una rutina para empezar esta semana

  • Elige una asignatura y una clase, y escribe solo cuatro cosas: términos definidos, sus ejemplos, cifras que no estén en la diapositiva y preguntas hechas en el aula.
  • Deja un margen de cinco centímetros y empieza cada clase en una página nueva, con asignatura, fecha y número arriba.
  • Dentro de 24 horas, desarrolla las abreviaturas y rellena huecos con las diapositivas o la grabación.
  • Convierte la página en tres a cinco preguntas con respuestas y marca cada punto en el que dudabas.
  • Examínate con esas preguntas antes de releer nada, y otra vez a los dos o tres días.
  • Guarda la grabación como repuesto para las frases que perdiste, no como el plan de la semana.

Fuentes

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